Treparse no es montarla: Tacas de Ángela María Valentín

 Hasta este punto, una lectura simple concluiría: se trata de una “tiraera”; y el poema/taca es solamente tarima, escudo, cuchillo, un recurso para evadir la herida o producirla. Pero la voz poética se encarga de sugerir algo mucho más incómodo: la precariedad con la que sostiene su andadura. Justo como quien se calza tacos por primera vez. Sin embargo, esta incomodidad no le viene de fuera. El propio cuerpo es el significante principal de la desazón. El cuerpo carga, justo entre los senos “un hoyo negro, infinito” y “un cansancio atroz que se acumula en las pestañas”.

En la primera sección del libro, “Morir zapateando o la ciencia del cuerpo sufriente”, la conciencia del performance entacado reconoce la propia vulnerabilidad y la potencial disfuncionalidad de todas sus relaciones humanas. El cansancio corporal se manifiesta siempre en relación con un tedio vital que se activa y reactiva desde la relación con el Otro. Treparse, en estos poemas, implica un esfuerzo doloroso e irónico; un recurso extremo de adaptación ante el fracaso de la solidaridad en las relaciones: la mueca de una mujer triste. Sin embargo, la violencia que subyace en los textos resulta ser auto infligida (“la rabia suelta la venda/y me acompaña/me susurra al oído/verdades que apuñalan), como se sugiere en “La rabia sube silenciosa”.

En la segunda parte, “Sanctum, o la pisada en seco”, se suaviza el lenguaje, y se nos coloca en el territorio simbólico del mito y de las teofanías; en el lugar apartado, privado en el que unos pocos iniciados todavía entran sin sandalias. La ternura que se les niega a los poemas de la primera parte se les concede a los versos de lo materno. Una salvación por el amor horizontal hacia la prole contrasta con la implacable crítica a los pares donde predomina la verticalidad, la mirada hacia abajo lograda por vía de la trepa. En este caso, la ecuación de altura se resuelve de modo inverso; la hablante se baja de la complejidad del espectáculo intelectual para llegar a la estatura de los niños, visitando, “a veces”, el imaginario de la narrativa infantil.

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