Treparse no es montarla: Tacas de Ángela María Valentín

Pero, “a veces”, Ángela se entaca, es decir, escribe poesía. En la jerga callejera a lo boricua, la taca no es el taco redondito y ancho de media altura que usaban nuestras madres o tías empleadas de Gobierno. Tampoco el taco español (la llamada mala palabra) ni el plato patrocinado por el chihuahua de Taco Bell. Cuando el taco (o tacón, según el Diccionario de la Real Academia) elevó su altura varias pulgadas más sobre el suelo y complicó su estructura con cremalleras, plataformas, argollas, cadenas y otros guindalejos,  ocurrió el primer cambio de género en la historia del zapato: el taco se hizo hembra. Al mismo tiempo, en el imaginario colectivo se trasladaba al paisaje cotidiano de la oficina, de la escuela y hasta de las iglesias más conservadoras, una estética que antes se asociaba, más o menos, con lo sado masoquista o con lo porno, ahora simplemente hip. Pero, de todos modos, por muy domesticada esté la taca, su estética sigue siendo potencialmente belicosa.

“Nunca he dicho que soy poeta”, así abre el libro. Pero, lo que podría ser un recurso retórico para captar la benevolencia del público, dura esa única línea. Con esta declaración se nos planta de inmediato en un tono discursivo en el que lo lírico se resistirá a manifestarse y se optará por un lenguaje directo y, muchas veces, agresivo. No deja de ser curioso, en una profesional de la música, que su escritura poética evada la musicalidad de las palabras. ¿Será porque treparse no es lo mismo que alzarse, ni elevarse, ni subirse ni montarse? Ciertamente, a un nivel semántico y experiencial,  la trepa tiene algo de violencia, de ejercicio dificultoso y de espectáculo. Un término machista y misógino muy común en nuestra habla popular llama trepadora a la mujer  que en la línea jerárquica y salarial avanza, o se presume que avanza, con métodos sexuales (al trepador laboral se le adjudican otros nombres menos rencorosos). Pero cuando un hablante dice: “No permitas que fulano o fulana se te trepe” no necesariamente se refiere a una situación sexual, sino a cualquier tipo de interacción social que implique subordinación u opresión.  El sujeto poético de Tacas, una hembra, es un ser que se percibe en lucha contra varias instancias (externas o internas, reales o figuradas) de opresión.  Y sugiere una tercera posibilidad para la trepa: el poema como una ecuación de altura para auparse sobre lo doloroso o lo chato de la existencia y para darle guerra a taconazo limpio a la mezquindad y la arrogancia, vengan de donde vengan.

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