Mater

escaner_20160927

 

(1)

Suavidad y blandura

por mi mano acariciadas,

la terneza sostenida

tanto en calma como en goce.

Salvados del tumulto

y la rudeza cotidiana,

lejos de la asechanza

ciudadana de la muerte;

protegidos de su roce

funcional y organizado

a puro ignorar el todo

y reparar en el detalle:

tu humanidad brevísima

ensanchándose de luz,

atemporal ahora

cuando hoy es siempre.

              

Kairós

Pasó por mí corriendo como un rayo

su látigo de hermosura.

Fue grano de mostaza que en mi cuerpo

al crecer arbolearía.

Como el amor pasó, corriendo

em kairós de sangre fecunda

que tras su partida dejaba

en mi cansancio el deseo

más redondo en el que he sido.

                      La vida besa que duele

                      besa y acusa una herida

                      que castiga con sus mieles

                      vida que besa y olvida.

                    Porque sólo un germen guarda

                     del amor las decisiones

                    cual amor pasó corriendo

                   en fugacidad perdida.

Por mí pasó corriendo como un rayo.

                                   ♦

De lo oscuro y de lo húmedo

de súbito arrojado frente a la luz

llegaste solo y desnudo, aterido.

Bastaron mis dedos sobre tu frente,

mi pecho abierto para aplacarte,

mi solicitud más conmovida.

Y tú me defiendes del cansancio

de las horas vacías y sin dádiva,

amor que me has nacido

milagrosamente erguido

entre ruinas. Por ti he colgado

las otras palabras que dijera

para decirte mi verdad

como se dice un salmo,

desde la misma entraña que lo nutre.

MATER

San Juan: artefactosonoro 2008

ISBN 978-0-9817905-0-3

(c) Todos los derechos reservados, Rosa Vanessa Otero