Por Rosa Vanessa Otero (Reseña)
Desde que publicó su primer libro, Ideas Inconclusas (2011), Ángela María Valentín amenazaba con empezar a esgrimir “las palabras filosas”. Últimamente, pocos objetos de uso diario son más filosos que unas tacas. Y así se titula el segundo poemario de esta mayagüezana que, entre la nocturnidad de su oficio como violinista y cantante profesional, el marido y cuatro partos y crianzas, se las arregló para completar su doctorado en literatura, mantener su precario espacio como docente en el Recinto Universitario de Mayagüez y empezar a publicar sus primeros poemas. Si esto no es andar de puntas, díganme qué es. No importa la altura del zapato que se calce, o la condición del pavimento que se pise, la caminata no es fácil ni segura para la nueva generación de profesores universitarios de la que esta autora emergente forma parte.


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