Redimida desde el lodo

Por Beatriz Cruz (Comentario a To muddy death de Rosa Vanessa Otero

“¿Qué peor, entonces, que este hundirse sea en el fango, en el lodo sucio que exacerba la ruina? Pero la poeta gira la tuerca y convierte el hundimiento en un proyecto estético vital y ligado a la escritura.”   Beatriz Cruz

Beatriz Cruz presentadora
Beatriz Cruz Sotomayor

A tres años de su publicación, no es casual la presentación que hacemos hoy del poemario premiado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña To Muddy Death, de la poeta, comunicadora y editora Rosa Vanessa Otero. Como celebración simbólica de un año marcado por la conmemoración de los 400 años de la muerte de dos grandes maestros de la literatura —Shakespeare y Cervantes—, la presentación de este poemario adquiere un significado muy especial. Rosa Vanessa hace suya la trágica muerte de la Ofelia shakesperiana, sumergida en el lodazal, y la redime con enorme fuerza poética, desde la palabra hispánica.

Si hay un concepto teórico ineludible en la lectura de To Muddy Death, es la noción de intertextualidad, desde su carácter más restrictivo como lo ha visto el narratólogo Gérard Genette, hasta el más abierto acuñado por Julia Kristeva a partir del concepto del dialogismo literario de Bajtín. Para Kristeva, “todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro”. Para Genette, sin embargo, se trata de una “copresencia” explícita de un texto en otro. Así pues, en To Muddy Death subyace la presencia, tanto explícita como implícita, de referencias textuales que van tejiendo un lenguaje poético singularmente dialógico. La Ofelia de Hamlet, y las contundentes palabras de Gertrudis al dar noticias de la muerte de Ofelia, hundida en el lodo por el peso de su vestido, abren, desde el título del poemario, una avenida poética de intertextualidades. Por sus páginas desfilan Dorothy (del Mago de Oz), las hermanastras de “La cenicienta”, “El aleph” de Borges, Gregorio Samsa, los personajes mitológicos Medusa y Sísifo, y los poetas Edgar Allan Poe, Sylvia Plath, T.S. Eliot y don Jesús Tomé, entre otros.

Pero la intertextualidad no es aquí gratuita. A través de esta, se articula una coherencia interna de sugerentes reescrituras. En el poema que da título al poemario, “To Muddy Death”, Ofelia y su muerte, por ejemplo, se trasladan a otro plano metafórico, al de los poetas: “Hundirse, Ofelia, es de poetas / perdidos para el mundo / e irrecuperables para sí mismos” (5). Estos traslados enriquecerán sus páginas con imágenes inéditas que estallarán, a su vez, en un osado lenguaje poético. Cito del poema “Covergirl”: “De joven encontré a Gregorio Samsa / mirándose en mi espejo. / La sospecha más descorazonadora / me hizo triste antes de tiempo: / ‘eres fea, desconfía’” (13). Del mismo modo, los personajes mitológicos −por ejemplo, Medusa de una parte, y Sísifo de otra− adquieren nuevos matices bajo la palabra poética de Rosa Vanessa: se sumergen, con tono lúgubre y sereno, en el ámbito de la reflexión.

Cada uno de los 16 poemas que componen el poemario, dividido en dos partes —El peso del vestido y Calma en sobresalto— lleva el sello de una aguda mirada crítica e irónica que sirve de hilo conductor a todo el conjunto poético. Se trata, además, de una mirada articulada desde una voz poética femenina. Esa voz es, en última instancia, una voz asediada y escindida por la muerte, el dolor, el tiempo, la enfermedad, los códigos sociales, los designios de otros, e incluso, por la escritura y la palabra misma. Esta se hunde, como Ofelia en el lodo, pero es una voz que se alza desde el poema, principalmente, con un reclamo firme y solemne —aunque no por eso aproblemado— de mujer, sobre las mujeres, y de la existencia misma. Poemas como “Los tacones de Dorothy”, “El talón de la hermanastra”, “Covergirl”, “Estudio para un álbum de los quince” y “Poemas de la abyecta”, solo por mencionar algunos, toman como eje esa voz única en constante exploración ontológica en la que prima la presencia de la muerte. Cito solo unos versos de

“40”:

… al asomarse

a la gruta misteriosa que soy

deja intactos y dormidos

cada odio en su sitio, cada dolor,

cada quiste de esperanza

dormida sobre su promesa,

sin saber que amaría mejor

la tibieza de sus manos

si éstas me ayudaran

a arrancarme de mí misma

de tiempo en tiempo,

serme cruel portadora

de alguna noticia demoledora

que me rehiciera. (18)

O, valga citar “Poemas de la abyecta”, donde también nos damos con un contundente discurso poético de enorme fuerza, en este caso de tono dramático-narrativo:

La guerrera empuñó su angustia

como única cosa que le pertenecía

y se partió los dedos. De pronto,

le creció en el puño una piedra.

Con dificultad abrió la mano,

la dejó vacía. Desposeída

de cuanto tuvo por conquistado

se supo dueña de ningún reino,

basura lo que amó hasta la abyección;

libre y sola, cabalgando su potro indócil

por riscos de pensamientos inanes y aturdidores,

levantó su diestra exhibiendo

para ejército ninguno, con más orgullo

que una espada bien bruñida

su palma rota. (20)

La voz desde el espacio de lo femenino, en lucha constante, pero sin penas ni autocompasión, deviene en cadencia unificadora del conjunto poético. Ahora bien, no por esta claridad coherente, el poemario deja de adentrarse en la opacidad de la expresión poética.

Carlos Bousoño, en su Teoría de la expresión poética, propone que la poesía moderna se nutre, precisamente, del efecto estético que suscitan las asociaciones no literales, aquella opacidad que despierta en el lector emociones desde lo irracional, desde aquellas expresiones que no se ajustan a lo racional pero que desatan un caudal de sensaciones en el receptor. En esta esfera habita la poesía de Rosa Vanessa Otero. Así lo vemos, por ejemplo en versos como los de “Sin-con-pasión (1)”: “Hay que romperse / la gramática y la música / para salvarse, tal vez, de la poesía / y darse a la existencia sin desprecio” (1); o como los de “El homenaje”: “Llegas a la paz de las estatuas, / pero no a la tersura de sus mármoles. / Trabajaste, sin duda, por tu monumento: / un instante de sosiego y de quietud. / There will be time, there will be time,” (33) [OJO: Alude a “The Love Song of J. Alfred Prufrock”, de T.S. Eliot]. Estos, desde la irracionalidad, despiertan sensaciones y evocan emociones, emociones que se va tejiendo desde la primerísima página a partir de la metáfora ineludible del hundimiento mortal de Ofelia en el fango.

La sola semántica del verbo “hundirse” de suyo nos conduce al abajo, más abajo del suelo o de la superficie. Es un ‘sumirse’, ‘meterse en lo hondo’ que remite a su vez a la connotaciones de ‘destruir’, ‘arruinar’, ‘abrumar’, ‘oprimir’, ‘abatir’. ¿Qué peor, entonces, que este hundirse sea en el fango, en el lodo sucio que exacerba la ruina? Pero la poeta gira la tuerca y convierte el hundimiento en un proyecto estético vital y ligado a la escritura. Así, pues, sus poemas se tejen en planos espaciales de caídas y subidas, de la muerte y la restauración de la vida. “La caída es inminente” —dirá en un verso de “To Muddy Death”. También en el contundente poema “Edgar Allan juega con su Barbie Poet Sylvia” alude a este doble plano: “En ti se dio el milagro que restaura / la vida entre despojos de la muerte. / Te sabes revivida y levantada / sobre tu propia sepultura, / aunque intentas contar, en vano, / la experiencia de tus viajes a la tumba. / Enterrarte viva no era una opción” (11). Estalla así la gran ironía de la vida y la muerte, del sufrimiento y de su capacidad de renovación, de la fortaleza ante la ruina. Me permito volver a citar un fragmento de “Poemas de la abyecta”: “El sufrimiento es un convertidor / magnífico y potente, / una máquina de invención. / Cuanto más me examina / con presunción de científico, / más renovada regreso de su toque” (21).

En el hermoso poema “Piedra de Sísifo”, que cierra el poemario, accedemos a la culminación de esta tensión, poetizada a partir de la referencia a Sísifo y su terrible castigo de empujar una enorme piedra, una y otra vez, hasta la cima de una montaña y luego ser empujado hacia abajo por su peso para volver a empezar. La voz poética termina afirmando: “mas yo no subo para alcanzar la cima, / yo empujo mi carga ejercitando / mi corazón para su gran estallido” (41). Imposible evadir la ironía: una vez más la muerte asedia, pero desde la esperanza.

El traslado de este mito de Sísifo a la voz poética de To Muddy Death establece la redondez de un poemario de fuertes tensiones ontológicas en el que se le rinde homenaje a la palabra poética y en el que el lenguaje deviene en ese fino instrumento de trabajo de los poetas, que los hunde en el fango, pero que también los fortalece.

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La autora de esta reseña es la Directora del Departamento de Español de la Universidad el Turabo. El texto formó parte de la presentación y lectura poética del libro To Muddy Death de Rosa Vanessa Otero (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2013), que se llevó a cabo el jueves. 5 de mayo de 2016 en la Librería ICP del Viejo San Juan y apareció publicado en la revista 80 grados (http://www.80grados.net/redimida-desde-el-lodo-to-muddy-death-de-rosa-vanessa-otero/.

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