Categoría: Rosa Vanessa Otero

  • A veces «hay que darse un baño de tumba»: To muddy death, premio nacional de poesía

    A veces «hay que darse un baño de tumba»: To muddy death, premio nacional de poesía

    Por Rosa Vanessa Otero (Memoria, Premios Literarios ICP 2011)
    No se trata de una traducción del drama a la poesía sino (que) genera desde la figura de Ofelia una poética de la experiencia que trascienda los lugares comunes para insertarse en la afirmación del ser.
    Alberto Martínez Márquez
                            Presidente del Jurado,  Premios Nacionales de Literatura ICP 2011

    to-muddy-death-portada
    ISBN 978-0-86585-668-8

    El poema que anuncia la muerte de Ofelia en Hamlet, de William Shakespeare, y la Ofelia de Millais son el sustrato imaginario de este cuerpo de poemas robados al descanso de la noche. en los que hago un ensayo poético sobre la histeria, vista como la búsqueda fatigosa de una belleza que rompa los moldes impuestos por la crianza y la cultura.

    En el Laudo, los profesores Alberto Martínez Márquez, Carmen Vázquez Arce y Miguel Fornerín, miembros del Jurado de Poesía expresaron: «En cuanto a la extrapolación del tema del dramaturgo inglés en el poemario de marras, no se trata de una traducción del drama a la poesía: sino más bien, genera desde la figura de Ofelia una poética de la experiencia que trascienda los lugares comunes para insertarse en la reafirmación del ser». (…) «El poemario abre al lector a una multiplicidad de imágenes visuales que nos permiten ver a esa mujer poetizada conducirse o conducida hacia el lodo».

    premiación ICP 2011
    Eduardo Garrigues, Cónsul de España, por los ganadores del premio internacional de Novela; Mercedes Gómez, Directora del ICP (2011); Rosa Vanessa Otero (Premio de Poesía); Edwin Cuperes (Premio de Cuento); Yolanda Arrroyo (Mención Honorífica de Cuento).

    La entrega de los Premios de Literatura del ICP 2011, junto con el anuncio de la apertura de la Convocatoria de 2012, se llevó a cabo en una ceremonia muy discreta  el miércoles 1 de agosto de 2012 en la Sala Histórica del Archivo General de Puerto Rico en Puerta de Tierra. 

    Además del Premio de Poesía, se adjudicaron premios en las categorías de Cuento y Novela.  “Cuentos cuánticos”,  de Edwin Cuperes Vélez , obtuvo el Premio de Cuento. En esta categoría se otorgó una mención honorífica a  Yolanda Arroyo Pizarro, por su colección “Antes y después de suspirar”. El jurado estuvo formado por Sofía Irene Cardona, Tomás López Ramírez y Carmen Ivette Pérez Marín. 

    En la categoría de Novela (edición internacional) resultó ganador el español Miguel Ángel González (en coautoría con Juan Carlos Peiró)  por la obra “Siempre se mueren los guapos”. Este jurado estuvo integrado por Yara Liceaga, José Venegas y Mario R. Cancel Sepúlveda. El cónsul de España en Puerto Rico, Eduardo Garrigues, representó al ganador. El Premio de Ensayo, que sería evaluado por el mismo jurado de Cuento, fue declarado desierto debido a que solo se presentó un manuscrito.

  • Un capricho de la memoria

    Por Rosa Vanessa Otero (Memoria)
    jo-d-100630-daniela-y-el-mar
    «Daniela y el mar» de Juan Osborne.

    De aquel día, conservo viva la imagen de una figura femenina pequeña, casi exigua, erguida con gallardía  frente a la apabullante grandeza y vitalidad del Atlántico…

    Mientras se duerme, quién sabe por qué, la memoria destapa caprichosamente algún recuerdo. Hoy he despertado reviviendo aquella tarde en la que mi tía Minerva, cercana ya su muerte, me pidió que la llevara a ver el mar. Yo me coloqué a su lado, de pie; no puedo recordar si ella también estaba de pie o sentada en su sillón de ruedas, y este olvido sí que se me antoja caprichoso, extraño. Sólo conservo en mi memoria la solemnidad de su gesto, de su silencio, la hondura de su mirada que no puedo definir como interrogadora por temor a añadirle una interpretación que puede ser errónea. ¿Qué miraba mi tía cuando miraba el mar, qué sentía, en qué pensaba? ¿Se despedía? ¿Oraba? ¿O simplemente se entregaba a la sensación, al disfrute del roce y de los olores del viento marino, a la contemplación de la luz vespertina que en San Juan puede hacer del océano una llama móvil y dorada lo mismo que un llanto con fijeza de metal plomizo? Yo solamente permanecía a su lado, callada.  Hasta que dijo -ya-. Y supe que Minerva daba por concluido algo más que aquella inusitada visita. De aquel día, conservo viva la imagen de una figura femenina pequeña, casi exigua, erguida con gallardía  frente a la apabullante grandeza y vitalidad del Atlántico, y la recuerdo sola, como si hubiera sido yo una transeúnte que pasara por allí y hubiera captado su foto desde lejos, con el mar como fondo. No hubo foto, por supuesto, esta es una manipulación voluntaria del recuerdo. Oh, sí, mi tía está de pie.

    Dentro de dos años cumpliré su edad. Los acontecimientos más importantes de mi vida, los que ella hubiera celebrado y yo hubiera querido compartirle ocurrieron después de su ida.  Será por eso.