Una casa sobre arena: Sonetos de Jesús Tomé (2021)

Por Rosa Vanessa Otero (Comentario editorial)
Poeta con niño, foto Efraín Candelario, (c) 2016

Un poeta construye su casa sobre arena, como el hombre necio de la parábola. El poeta edifica su obra sobre lo que se hunde, sobre lo que escapa, sobre los restos de cadáveres insepultos y sobre su propia osamenta fracturada. Contrario a lo que sugiere el discurso evangélico acerca del reino de Dios, que exhorta a construir la vida sobre la roca, en el reino de la poesía se construye, la mayor parte de las veces, sobre cimientos inseguros. Y en esta necedad aparente radica todo el poder de un poema:  si el edificio es bello, lo es por su capacidad de mantenerse en pie, contra todo viento de moda, escuela o ideología, sobre la humilde materia que lo sostiene.

 La poesía de Jesús Tomé, es de esas a las que regreso como a una casa para detenerme en alguno de sus rincones a meditar, a pensar, a recordar, a encontrar algo que dejé perdido en una de sus habitaciones o simplemente, para dejarme impresionar por su bien armada arquitectura, ¡su palabra!, incólume entre ruinas.

Hay una reverberación, una suerte de encantamiento sonoro y conceptual en los poemas de Jesús que nos lleva lejos. Esta reverberación, como los círculos concéntricos producidos por una piedrecita lanzada al agua, conserva su centro fijo, su axis del que todo parte y hacia el que todo vuelve por el mismo camino. 

Ese centro, que es la persona poética, pasaría inadvertido, de no ser porque las ondas expansivas de estos poemas llevan, todas, la impronta de su autor de un modo particularmente reiterativo. Hay algo de atrevimiento por parte del poeta, en hacernos recurrir hacia ese centro que es él mismo. Leer a Jesús Tomé es internalizar la recurrencia de sus dudas, sus pesadillas, sus obsesiones y su extraña “vocación de universo”. (Dicen que las estrellas, precisamente, al morir fundan planetas con granos de polvo sideral.)

Se me antoja que esta “yoicidad”, porque no puedo llamarle egocentrismo, es la principal fortaleza y debilidad, si se quiere, de la poesía de Jesús Tomé, y su forma de rebelión ante el discurso paralelo de su biografía.  Al insistir en construir su obra sobre los frágiles cimientos de su sensibilidad y de su experiencia, se las ve a mano limpia con la filosofía y la teoría literaria contemporánea.  Una frase muy suya: “Yo no hago migas con la muerte”, puede leerse, pienso, no solamente como un desafío a su propia muerte sino, y sobre todo, a la llamada “muerte del autor” o la muerte del sujeto literario; y, por mucho que sus poemas sean desgarrados, tampoco hace migas con la muerte de Dios; que todas las muertes, imaginarias o reales, las repele con todas sus fuerzas, él, un niño de la Guerra Civil española cuya “infancia secuestrada tuvo pronto/ noticia del imperio de la muerte” (“El que vino para quedarse”, Poesía Completa, EDUPR:2010, p. 586).

Como es poeta, la casa que construyó sobre la arena sigue y seguirá en pie, cual construida sobre roca milenaria. De seguro, la roca dorada, heroica y legendaria de Ciudad Rodrigo, su Miróbriga natal. Leo uno de mis poemas preferidos de Jesús, que no es un soneto pero ilustra lo que vengo diciendo.

EL GRITO

(de Jesús Tomé)

Algún día,

cuando las palabras no sean signos

sino personas,

y desnudas, despojadas de sí mismas

entreguen el secreto que enmascaran

con su rumor y su apariencia,

tal vez pueda decirse el lamento,

ese grito primal

con que naciera el mundo,

origen de otra noche

que sólo conoce el corazón

porque ha sido amasado en su tiniebla.

Desde el fondo de los siglos,

surgiendo de las cavernas

en que ha ido empozándose su memoria,

surge ese grito inabarcable

que no han sabido imitar

los estallidos de las estrellas.

Podéis oírlo

golpeando contra las esquinas del universo,

resonando en el silencio de un mundo sorprendido

cuando lo lanza un hombre

que ha llegado a la raíz

del desconsuelo.

Más desgarrado aún,

cuando sólo el silencio puede oírlo

como un tallo que ha tronchado una sombra

 y resuena en silencio

porque el corazón ha ido hasta el límite del abandono

donde no pueden alcanzarlo las palabras.

No  es un hombre que lanza un grito desperado,

es un grito desesperado

que se ha hecho hombre gritando contra un vacío

que no acierta a devolver los ecos.

Es un grito de pie

contra la noche que absorbió todas las noches,

con los brazos alzados y aturdidos,

árbol calcinado por la congoja,

ramas vivientes que claman su propio nombre.

Desolación y Desamparo.

En ese abismo ya no existe compañía,

sólo el clamor suspendido,

sólo la soledad,                           

sólo un hombre estallando, en sí mismo

toda la razón del universo.

La redacción original de este artículo es de 2010 y se actualizó para ser leída en la presentación virtual de Sonetos, de Jesús Tomé (Editorial Isla Negra, Puerto Rico: 2021).

Ver la presentación completa aquí. Y nuestra reseña del libro en Claridad.

El libro se consigue en Editorial Isla Negra.

978-0-8477-3253-1

La Poesía Completa de Jesús Tomé es una publicación de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico (EDUPR: 2010). Prólogo de Luis Javier Moreno. Nota editorial y edición, Rosa Vanessa Otero. Incluye obra poética, cronología, estudios críticos, fotografía y bibliografía.

Se consigue en Libros 787.

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