La vocal encinta

Samboyán Nelson Sambolín
Pronto La vocal encinta y otras Encarnaciones, por EDP University. Con portada de Nelson Sambolín

pOEmA

Asédiame, animal insomne.

Sorpréndeme en el laberinto de los naranjos.

Pínteme tu pincel inquieto

de blanco los días grises.

Resplandéceme,

brúñeme los ojos,

oro acrisolado a muerte.

Floréceme la piel,

brótame granadillas.

Beso de cárdamo, ingiéreme

de poco o de a mucho, como jugando.

Deglúteme el silencio de los párpados,

desnúdame de sombras,

revísteme de pájaros alborotados

epifánicos.

Y agradecida la gardenia

exudará místico bálsamo.

 


bAlbUcEOs (3)

Madurando la espiral de un puño

mi mano tierna endurece el ceño,

sangra, urde remolinos, suda

parturienta un hijo violento:

 

Sucesora del llanto y del grito,

orugándose en silencio

pliega su sueño de vidrio

entre mis dedos una mariposa infante.


 lA voz (EpItAfIO Al vIEntO)

 

Vendrán cultísimos forenses

a desangrar los capilares de la rosa,

a nombrar lo que innominado anduvo

por tus versos soberano.

 

Sustantivarán el verbo,

la inasible mirada en que conviven roca y río.

Golpearán la dura frente de la palabra,

esa diosa vulnerable y risueña

para extirparle raposas.

 

Les dolerán los dedos.

 

La voz jamás encontrarán.

Quedarán vacíos sus cuadernos lapidarios

de una explicación para el fenómeno

del silencio que susurra in crescendo hasta el grito,

del clamor que vocifera in diminuendo hasta el mutismo.

Ellos saben descifrar el andamiaje,

la anatomía de este hueso fracturable

mas no la voz, la voz jamás enlosarán.

 

Andariega es su caricia,

caprichoso su beso,

sutil su abejeo extraordinario

en la melena del censor.

Lábil libadora libada,

dúctil liberadora liberada.

Nomenclatura desconocida y presentida

cuajada en la sílaba.

Extranjera entrañable,

ciudadana itinerante.

Universal entraña

solidaria y ermitaña.

Misterio claro,

oscura obviedad.

 

(Nada me debes; nada les debo,

Yo de mi yo sin mí conmigo,

huésped en fuga de renta puntual.)

 

Amorosa

en las pestañas les enrede

un hilillo de duda

presumiéndose colirio

la certeza simple

del florecimiento;

punzante en las pupilas queme

el fuego humilde y justiciero

de su fidelidad irreductible,

escandalosa.


 

La vocal encinta

Premio de Poesía Ateneo Puertorriqueño 2000

(c) Rosa Vanessa Otero, Todos los derechos reservados